IMÁGENES EN CARDIOLOGÍA I. Volumen 7 – Número 1 – Octubre 2003
ANEURISMA APICAL CALCIFICADO
Eva M. Pueo Crespo; José Antonio Diarte de Miguel; José Miguel Chopo Alcubilla; José Salazar González; José Gabriel Galache Osuna; Isabel Calvo Cebollero; Luis Javier Placer Peralta; Servicio de Cardiología Hospital Universitario «Miguel Servet» Zaragoza.
CASO CLÍNICO:
Paciente de 77 años de edad con antecedentes de ex-tabaquismo, dislipemia, Infarto agudo de miocardio (IAM) ántero-septal extenso en 1976, IAM inferior en 1978 y fibrilación auricular crónica. Desde hacía 2 meses venía presentando clínica de angor y disnea de moderados esfuerzos. Durante los días previos al ingreso refería también algún episodio de disnea paroxística nocturna. La exploración física y radiología simple de tórax objetivaron signos de insuficiencia cardíaca izquierda.
Se solicitó coronariografía para valorar las posibilidades de revascularización. El cateterismo cardíaco evidenció enfermedad de 2 vasos y función ventricular izquierda severamente deprimida. Existían oclusiones largas y recanalizadas en el segmento proximal de la arteria descendente anterior y en la arteria coronaria derecha media. La ventriculografía mostró un ventrículo izquierdo severamente dilatado con un amplio aneurisma anteroapical calcificado (figs. 1 y 2), y aquinesia posterobasal; presiones telediastólicas elevadas y regurgitación mitral moderada de aspecto funcional. La fracción de eyección del ventrículo izquierdo fue del 25%.
El paciente se estabilizó con tratamiento diurético y vasodilatador, iniciándose posteriormente betabloqueantes sin incidencias. Mantiene actualmente una clase funcional I.


COMENTARIO:
El término aneurisma ventricular se utiliza habitualmente para describir un movimiento expansivo local paradójico de la pared. Se trata por tanto de una zona disquinética que frecuentemente se asocia a los infartos de miocardio de localización anterior, sobre todo los apicales. Los aneurismas están constituidos por cicatriz con pérdida de tejido del área infartada y dilatación del músculo lesionado. La calcificación de los mismos es infrecuente.
Se producen generalmente a partir de las dos semanas del infarto, ya que los aneurismas que aparecen en la fase de hospitalización del IAM son funcionales y potencialmente reversibles, resultando más propio hablar de zona disquinética que de aneurisma.
Los aneurismas ventriculares no predisponen ni se asocian con más frecuencia de la esperada a roturas cardíacas. Favorecen la aparición de insuficiencia cardíaca, trombosis mural con tromboembolismos sistémicos y arritmias ventriculares.
En la exploración física destaca el impulso apical doble, difuso o desplazado. En el electrocardiograma frecuentemente se observa persistencia de la elevación del segmento ST, y el diagnóstico definitivo se realiza por ecocardiografía y/o ventriculografía mediante cateterismo cardíaco.
El tratamiento en fase aguda del IAM mediante revascularización (fibrinólisis o angioplastia) e inhibidores de la ECA ha disminuido la incidencia de los aneurismas de ventrículo izquierdo, requiriendo sólo ocasionalmente tratamiento quirúrgico.
BIBLIOGRAFÍA:
1. Pasternak R, Braunwald E. Infarto agudo de miocardio. En: Principios de Medicina Interna. Harrison Ed. 14ª edición. Editorial McGraw-Hill Interamericana. Barcelona, 1998; 1116.
2. Feigenbaum H. Ecocardiografía. 3ª edición. Editorial médica panamericana. Buenos Aires, 1994; 459-461.
3. Braunwald E. Tratado de Cardiología. 5ª edición. Editorial McGraw-Hill Interamericana. México, D.F. 1999; 1357.
4. Guías de práctica clínica de la Sociedad Española de Cardiología en infarto agudo de miocardio. En: Guías de práctica clínica de la Sociedad Española de Cardiología. Eds. Emilio Marín Huerta, Luis Rodríguez Padial, Xavier Bosch y Andrés Íñiguez Romo. Sociedad Española de Cardiología 2000. Tomo I. 113.